Ley de lemas, partidos políticos y gobernabilidad

 

 

 

Lic. Mabel Panozzo (UCS)[1]

 

Introducción[2]

Entre mediados de los ochenta y principios de los noventa varias provincias argentinas reformaron sus sistemas electorales para incluir a la ley de lemas como su elemento mas característico. Este particular sistema electoral, invento y exclusividad histórica de los uruguayos, venía siendo cuestionado en su país de origen pero sin embargo llamó la atención de los políticos locales.

Desde su llegada a la Argentina, a pesar de entusiasmar poco a los académicos (que la rechazaron bajo todo punto de vista), se convirtió en el centro de atención del debate político en diversas oportunidades. En su momento se le atribuyeron generosas consecuencias pero con el paso del tiempo fue considerada culpable de numerosos desastres políticos y defenestrada con diversos argumentos. Al punto que, según parece, la ley no sobrevivirá por mucho mas tiempo y nos encontramos atravesando un proceso lento pero aparentemente irreversible de reformas en las diversas provincias que concluiría con la etapa de doble voto acumulativo y simultáneo en Argentina.

Como ley de lemas se conoce al sistema de doble voto acumulativo y simultáneo que básicamente consiste en la facultad que tienen los partidos o alianzas de presentar mas de una lista de candidatos en nombre de sus agrupaciones internas. La lógica del sistema indica entonces que el elector elige primero entre los partidos o lemas que se presentan y luego entre alguna de las listas o sublemas. Con igual sentido, el recuento de votos también se realiza a través de un doble procedimiento, primero contando los votos de cada sublema y luego sumando los votos de los sublemas en el lema al que pertenecen. Resulta ganador el sublema más votado dentro del lema más votado y la distribución de los cargos legislativos resulta de la aplicación del sistema D'hondt primero al lema y después entre los sublemas.

Doble voto simultáneo porque el elector dispone de dos votos, uno al lema, otro al sublema, en una misma boleta y en un mismo momento. Doble voto acumulativo porque el sublema mas votado dentro de cada lema recibe los votos de todos los sublemas de su mismo lema para definir el ganador.

Las “promesas” del sistema que fueron señaladas mayormente en lenguaje político y nos hablaban del poder benéfico, casi salvífico que podía ejercer una legislación electoral sobre el comportamiento de los partidos y los incentivos a la participación. Se señalaba que si cada partido podía presentar varias listas, en principio representativas de los grupos internos, entonces la ley de lemas permitía mantener la estructura y la fuerza electoral conjunta del partido a través de un proceso que arbitraba en las internas, a la vez que ampliaba las alternativas y la libertad del elector.

En ese sentido, los observadores y analistas coinciden en destacar que cuando se implementó en Uruguay el efecto fue resguardar a los partidos tradicionales que tenían grandes dificultades para asegurar la unidad y continuidad de sus estructuras debido a las fuertes divisiones internas que los amenazaban. De allí que la implementación del sistema de lemas y sublemas les permitió, por un lado, mantener la vigencia formal de los partidos políticos y su fuerza electoral y por otro, encauzar los conflictos internos que serían tamizados por los resultados electorales de cada una de las líneas. Cuando los dos grandes partidos perdieron votos y poder ante una tercera fuerza, casi un siglo después, arreciaron las críticas al mecanismo, porque se lo consideró culpable de la crisis política y la debilidad de los partidos.

Este efecto fue tenido muy en cuenta en la Argentina, y es característico de las provincias con ley de lemas que, al momento de su promulgación, el partido mayoritario estuviera dividido por internas difíciles de resolver que afectaban su potencial electoral, planteándose esta ley como la forma de evitar conflictos mayores y a su vez, sumar los votos de las distintas corrientes internas[3].

Las críticas se centraban en señalar que el sistema afecta gravemente la capacidad de gobernar y pone en crisis la legitimidad de los representantes y del sistema político en general. Consideraban que en lugar de poner paños fríos a las internas, las avivarían, en lugar de atacar el poder de las cúpulas y burocracias partidarias, las harían mas fuertes, en lugar de favorecer la representación la avasallaba, en tanto la alquimia de los resultados podía terminar por dar la victoria a un candidato con menor respaldo que otro, por ejemplo. Todo lo cual redundaría en una crisis política del Estado y de la democracia.

En vista a tan contradictorias observaciones, decidimos realizar una observación puntual de los diez años de vigencia de la ley en la provincia de Salta, buscando las consecuencias sociopolíticas que parecen derivarse de éste particular sistema electoral. Este análisis se sostiene en entrevistas personalizadas a candidatos, dirigentes y asesores técnicos de los distintos partidos de la provincia[4], información periodística[5] y, por supuesto, en los datos electorales relativos a la conformación de sublemas y los resultados alcanzados en cada oportunidad. Creemos que constituye una ventajosa oportunidad para retomar el viejo debate acerca de la influencia de los sistemas electorales en los partidos, especialmente en su vida interna.

La intención de éstos comentarios es centrarse en ese punto, en cómo un sistema electoral particular puede influir en las modalidades de actuación de los partidos políticos, hacia fuera y hacia adentro de su organización. La manera en que los políticos se apropian de la ley de lemas y adaptan sus comportamientos tradicionales tiene repercusiones mucho mas allá del simple resultado electoral y afecta los gobiernos, la estructura de los partidos y la legitimidad democrática.

En la década pasada, los debates en torno a la ley de lemas estaban signados por un viejo prejuicio, aquel que le atribuía a la ley una capacidad reformadora de las conductas, ya sea positiva o negativamente, en la medida que se creía que a partir de entonces los conflictos políticos serían “pacíficos”, o serían aún mas “cruentos”, como si las leyes se aplicaran automáticamente o cumplieran todo lo que dicen en su letra chica. No es que hoy ese prejuicio se haya desechado ni mucho menos, pero el tiempo nos permite analizar en que medida se realiza y ver hasta que punto las particulares modalidades de comportamiento de la sociedad y de los políticos influye en los supuestos efectos directos de una ley. De allí que sea preferible realizar en primera instancia un estudio de caso, antes que una comparación basada en algunos aspectos seleccionados arbitrariamente.

La ley de lemas

Veamos por qué a los políticos parece gustarles tanto la ley de lemas a pesar de todas las consecuencias políticamente nefastas que se avizoraban. Esta es una tarea necesaria para continuar el análisis, aunque no está ajena a las limitaciones de la interpretación y síntesis. Encontramos tres postulados básicos acerca de los procesos supuestamente derivados de la aplicación de la ley en un sistema político determinado, para algunos las consecuencias son positivas y se expresan en la maravillosa participación política atraída por el sistema, para otros el resultado inmediato es una temible fragmentación de los partidos que afectaría la capacidad de gobernar y la legitimidad de la democracia en general, por último, desde argumentos diferentes, ahora centrados en la actitud del elector frente a los sublemas, llegamos a las mismas conclusiones respecto a la representatividad y legitimidad. Ampliemos un poco estos argumentos.

 

1)      La maravillosa participación.

El primer postulado sería aquel, a favor del sistema, que dice que la ley de lemas amplía la participación y reforma positivamente la estructura de los partidos en la medida que favorece la renovación de dirigentes y los mecanismos democráticos, lo que redunda en la mayor disposición ciudadana hacia la democracia.

Como el sistema implica que la presentación de candidaturas se libera, al menos relativamente hablando, de las prácticas tradicionales de designación de candidatos, ya sean por nominación autoritaria o por acuerdos cerrados entre las cúpulas, permite que nuevos dirigentes se presenten a las elecciones sin mayores requisitos. La anquilosada burocracia partidaria recibe de esta manera un golpe de gracia fatal, porque se quedaría sin los recursos básicos que sustentaron su poder hasta el momento haciendo que la apertura de los partidos sea inevitable.

Como contrapartida encontramos que se ve afectada la cultura democrática de los partidos, se dejan de lado las actividades internas permanentes, porque pierden su atractivo en la medida que cada dirigente debe hacer valer sus apoyos por fuera de la estructura tradicional. El partido lentamente va perdiendo funciones y su capacidad de aglutinar a los diversos sectores.

Cuando se señala que la ley de lemas fue implementada nada mas que como un mecanismo para resolver las luchas internas se está señalando lo mismo, porque se considera que los órganos partidarios no son capaces o suficientes para resolver los conflictos y entonces se opta por mostrar abiertamente los grupos que se han constituido y permitir que sea un tribunal imparcial el que resuelva. Se dejan de lado los mecanismos internos, perdiendo poder las burocracias y las cúpulas internas y el partido se “juega entero” en la elección general, con todas las opciones posibles, los mejores hombres de cualquier extracción y todo aquel que quiera decir algo.

 

2)      La temible fragmentación.

El segundo postulado plantea el efecto contrario. La ley de lemas en lugar de encauzar y resolver abiertamente el conflicto interno lo que hace es agudizarlo y provocar que cada línea interna se estructure por su cuenta, sosteniendo su existencia en el enfrentamiento descarnado e irresponsable. Como resultado de partidos fragmentados tenemos gobernantes débiles, sin mayorías legislativas y con una interna partidaria irresuelta que condiciona su gobierno.

Este argumento se basa en la lógica de la competencia en tanto destaca que un sublema gana las elecciones en la medida que resta votos a sus opositores internos, por lo tanto, la campaña electoral resalta mas las diferencias que las coincidencias, el enfrentamiento mas que las coincidencias básicas. Nos encontramos frente a un conflicto mas abierto y explícito, pero además, mas organizado[6], porque se trata de una elección general donde cada cual concurre por su cuenta, donde cada sublema se ha distanciado de una forma tal que prefiere mantener su estructura propia en lugar de desarmarse y volver al partido.

Si en estas condiciones se accede al gobierno, el resultado es temible: los gobernantes no pueden gobernar. No solo porque no tienen apoyo de su partido sino porque en su mismo partido encuentra la oposición mas acérrima.

El resultado del proceso visto de esta manera, es una cadena inevitable: enfrentamientos internos recurrentes, debilidad del gobernante, crisis de representación, crisis de legitimidad democrática.

 

3)      El elector ante la incertidumbre.

El tercer postulado que podemos encontrar hace hincapié en la conducta y actitud del elector. Menciona que el ciudadano común se encuentra ante una serie de mecanismos y resultados aparentemente contradictorios producto de la suma de votos de los sublemas del mismo lema que concluyen en el rechazo al sistema. A la larga, dicen los críticos, la ley de lemas solo traerá descreimiento y falta de representatividad de los políticos electos.

Esta fórmula se difundió bajo la crítica común de que con ley de lemas el elector se desorienta y no sabe a quien vota[7], suponiendo que el sistema acumulativo entre sublemas es muy confuso y difícil de entender para el elector. Por una parte se le brindan mas opciones para elegir, pero puede ser que su voto termine favoreciendo la victoria de aquel candidato que no quería votar. Y eso que los primeros críticos no contaban con un cuarto oscuro con unas treinta boletas distintas a disposición del indeciso elector.

La contradicción ideológica presente en la suma de votos de los sublemas de un mismo lema, mas allá de la descarnada oposición desarrollada durante la campaña, es evidente. ¿Cómo entender que el candidato A del lema X se enfrenta al candidato B de su mismo lema, pero le otorga sus votos para facilitarle el triunfo? ¿O que alguien gobierne con los votos de un dirigente que permanentemente intenta forzar su fracaso? ¿Cómo reconocer la ideología o menos ambiciosamente, las propuestas de un partido cuando no existe una articulación de ideas y discurso entre sus candidatos?[8]

Como resultado de la combinación de lemas y sublemas también puede encontrarse que quien resulte electo no sea el candidato mas votado, considerando individualmente a los sublemas[9], o que alcance la victoria a pesar de un mínimo porcentaje de votos propios; posibilidades ciertas que despiertan serias sospechas acerca de la capacidad del sistema para respetar la voluntad del elector y designar a los candidatos mas representativos de la ciudadanía.

 

Los dos primeros postulados tienen en común referirse a la influencia del sistema electoral en la estructura y organización partidarias y por ende, en la fuerza política del gobierno. La ley de lemas sería entonces un sistema altamente positivo en tanto demuestre que es capaz de forzar las estructuras internas de los partidos, quebrando el poder de la oligarquía interna y su aparato burocrático al que hacían referencia Mosca, Michels o Schumpeter con sus sombrías consecuencias para la participación. Pero sería un sistema altamente negativo en la medida que implique la fragmentación del partido en múltiples estructuras internas que respondan cada una a líderes diversos, lo que implicaría mas y mas fuerte oligarquía interna y burocratización. Con el agregado de problemas críticos de gobernabilidad y representatividad como consecuencia de la estructura vigente en el sistema de partidos.

El tercer postulado, si bien no hace una referencia central a los partidos políticos, si destaca los efectos supuestos del sistema electoral sobre la representatividad y legitimidad de gobernantes y tras ellos, del sistema político en general. Con ley de lemas el resultado es un electorado apático y representantes con escasa legitimidad y menor responsabilidad política.

Delia Ferreira Rubio, Hipólito Orlandi y María Gabriela Giordano señalan que la confusión y descreimiento generalizado hacia el sistema electoral es producto de su propia lógica. La ley de lemas lleva al elector a votar pensando privilegiadamente en el candidato, en el dirigente, en la línea interna, pero a la hora de contar los votos el sistema piensa de otra manera, privilegiando al partido, a la suma de sublemas, interpretando al revés el pensamiento del elector en cuanto ya no tiene en cuenta al candidato, a sus votos propios.

"A nuestro juicio, las dificultades que plantea el sistema de doble voto simultáneo y acumulativo están vinculadas con la variación del eje central de la oferta electoral, el resultado de la elección y el ejercicio del poder. Mientras, como ya lo expresamos, la oferta electoral está centrada en los sublemas (candidatos), el resultado electoral privilegia a los lemas (partidos), y el ejercicio del poder - sobre todo en los cuerpos colegiados- gira otra vez, en torno a los sublemas."(pag 17)[10]


Consideraciones previas

El contexto para el análisis del caso de Salta

El sistema de partidos provincial es claramente bipartidista, integrado por el Partido Justicialista (ganador de dos elecciones a gobernador) y el Partido Renovador de Salta (gobernante en el período ’91 – ‘95). La Unión Cívica Radical ha descendido notablemente su influencia electoral, alcanzando menos de 10% de los sufragios en 1995 y concurriendo aliados al PRS en dos oportunidades, como una manera de reconocer la corrida de sus votantes tradicionales hacia ese partido[11]. (ver gráfico n° 1)

GRAFICO N° 1

 

 

Elaboración propia en base a datos proporcionados por la Secretaría Electoral de la Provincia y el Juzgado Federal de Salta.-.

 
 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Desde el punto de vista institucional, la provincia de Salta tiene un sistema bicameral con renovación parcial cada dos años, y acepta una reelección para gobernador. Su sistema electoral proporcional tiene la particularidad de producir resultados ampliamente mayoritarios porque se sostiene en la representación departamental. Salta tiene 23 departamentos, solo tres de los cuales tienen mas de 100.000 habitantes, Capital, San Martín y Orán, y 10 departamentos menos de 10.000[12]. Al combinarse la elección departamental con la renovación parcial de diputados resulta ser que son numerosos los casos donde se elige un legislador por departamento, haciendo imposible en los hechos el principio declarado de la proporcionalidad. Esto se refleja claramente en la legislatura. En las dos últimas elecciones la oposición alcanzó en conjunto un 30 y un 40% de los votos a diputado y sin embargo actualmente tiene una representación legislativa del 15%[13].

La importancia de esta combinación de elementos en la conformación y comportamiento del poder legislativo limita evidentemente la repercusión que podríamos esperar de un sistema electoral con ley de lemas y lleva a que el ámbito privilegiado de observación sea el municipal.

En Salta se implementa la ley de lemas en 1991, impulsada por el Justicialismo que entendía que de esa manera encauzaría la feroz interna que se había desatado unos años antes y fue reformada en 1998 para excluir su vigencia en la elección de gobernador[14].

Es importante hacer notar que el PRS es un partido claramente verticalista y cerrado a la participación, como dejando rastros del pasado militar de sus organizadores. En su vida política no registra elecciones internas (que ni siquiera figuran en sus estatutos) ni instancias abiertas de debate o renovación de dirigentes[15]. Distinto del PJ o la UCR que aun con liderazgos fuertes y tradicionales (poco comunes en el radicalismo salteño) tienen una agitada vida interna que requiere procesos específicos para su expresión.

La provincia de Salta tiene 58 municipios, cada uno con elección de Intendente y Concejo Deliberante, lo que nos permite contar con un amplio número de observaciones, con los resultados electorales mas variados, y situaciones de lo más disímiles, algunas de ellas con una significación mas allá de lo provincial. La conocida situación de los municipios de Mosconi y Tartagal, por ejemplo, si bien tiene una raíz netamente económico social, las modalidades adoptadas revelan evidentemente la inexistencia de canales de expresión reconocidos, la falta de liderazgos políticos y la debilidad de las instituciones representativas.

Pero éstos no son los únicos municipios salteños que en estos años han atravesado por crisis de representación y gobernabilidad expresadas en intendentes expulsados por los Concejos Deliberantes, procesados por irregularidades administrativas, atraso en los sueldos, reelecciones indefinidas, recambios gubernamentales, intervenciones, crisis sociales, etc. Esto nos lleva a prestar atención especial a uno de los aspectos mas denunciados de la ley de lemas: dicen que provoca la debilidad representativa de los gobernantes y la imposibilidad de gobernar en situaciones conflictivas.


El funcionamiento de la ley de lemas en Salta

Si revisamos nuevamente los postulados sobre la ley de lemas, señalados en su momento, encontramos que es necesario prestar atención a los comportamientos políticos en tres grandes ámbitos de análisis, que nos brinden los indicadores, las evidencias que plantean estos postulados. Estos ámbitos serían:

 

a)      El ámbito de las burocracias y cúpulas partidarias, respecto de: 

I)       La participación: en la medida que posibilita que mas dirigentes sean candidatos (principalmente a través de la postulación de listas propias) y en cuanto modifica la vida interna del partido;

II)    Las modalidades de organización de los grupos internos: bajo la tensión coherencia ideológica del partido y estructuración – fragmentación de sus líneas internas

 

b)      El ámbito de la representación y gobernabilidad, en cuanto la ley de lemas daría por resultado:

I)       Gobernantes con escasa legitimidad electoral, tanto porque pueden no haber sido los mas votados entre todos los candidatos como porque la cantidad de votos propios es escasamente representativa;

II)    Gobernabilidad amenazada en la medida que la interna partidaria se instala en el gobierno;

 

c)      En el ámbito de la credibilidad y legitimidad, en el sentido que la ley de lemas

I)       Tiende a provocar confusión;

II)    Parece no respetar la voluntad del elector;

III)  Genera dudas respecto a la credibilidad de los mecanismos electorales y por ende, afecta la legitimidad de la democracia.

 

En los apartados siguientes analizaremos la evidencia que el caso salteño nos brinda de los dos primeros ámbitos, los partidos y la gobernabilidad. El tercer ámbito se presta a mayores especulaciones; por un lado puede ser considerado el efecto general del sistema, en cuanto considera la mirada del elector sobre todo el escenario político de la ley de lemas, y en especial sobre los ámbitos partidarios y representativos; pero por otra parte, requiere técnicas de observación especialmente preparadas para cumplir este objetivo, que no se realizaron en ésta oportunidad.

Asimismo, podemos encontrar muestras de apatía y falta de credibilidad en los mecanismos representativos, pero difícilmente podemos medir el peso que tiene la ley de lemas como causante de esos fenómenos tan generalizados, al menos en un estudio de caso.

Implica afirmarse sobre valoraciones y hasta prejuicios personales el entender que, como el sistema es aparentemente complejo, confuso y desconcertante en sus resultados, el electorado en su conjunto desconoce y descree del sistema. De todas maneras volveremos a este tema en las conclusiones.

 

A.   las burocracias y las cúpulas partidarias

la participación

La multiplicación de sublemas

Ÿ      Gana el que más sublemas tiene. Con la ley de lemas no gana el mejor candidato, sino el que arma mejor su relación con los sublemas propios y los del otro lema.

 

 

Estamos en presencia de dos estrategias habilitadas por la ley de lemas, la primera consiste en presentar una candidatura fuerte, con su lista llena de personajes conocidos que arrastra los votos de todo el lema; junto a ella pueden o no estar otros sublemas, pocos y débiles, que en la práctica, no modificarán el resultado final. La segunda estrategia consiste en presentar varias listas bajo un mismo lema, algunas representativas de los grupos internos importantes, otras a grupos mas pequeños, otras con candidatos desconocidos o nuevos, otras que solo suman a una categoría mayor. Lo importante aquí es el número de sublemas que contribuirán al resultado total del lema.

La segunda estrategia es resultado del rechazo a la primera; los ejemplos en los que un partido pierde una elección a pesar de contar con un candidato fuerte y que el lema competidor gana por la suma de votos de sus distintos sublemas, aun de aquellos pequeños y desconocidos, llevó a considerar que lo importante era la cantidad de listas que se presentaban, por mas que sean débiles, ideológicamente incoherentes o desconocidas para la mayoría.

En la práctica, la seducción de este argumento junto con la conveniencia para los distintos sectores internos, determinó que se desarrollara un proceso de multiplicación constante de sublemas. Esto es públicamente conocido porque los medios periodísticos se encargan de difundir en cada elección el numero de sublemas, candidatos, propagandas, costos, etc. y son muchas las críticas que se multiplican al ritmo de la multiplicación de sublemas.

Pero veamos un poco de que manera se presenta este proceso. En primer lugar, parece estar relacionado con el partido y sus modalidades internas porque el PJ tiende siempre a presentar mas sublemas que el partido renovador, quien en principio, fue remiso a presentar mas de una lista de candidatos, pero después cayó rendido ante la oleada de sublemas justicialistas y la contundencia de la lógica matemática.

En segundo lugar hay que hacer notar que actualmente las categorías más importantes (descartando gobernador que ya no se rige por ley de lemas) han estabilizado y hasta mermado el número total de sublemas; pero cuanto más descendamos en las categorías, mas ascendemos en el número de sublemas. Este comportamiento, incipiente en los primeros años de la ley de lemas, se hace evidente en las sucesivas elecciones y su difusión en todo el territorio nos lleva a concluir que ésta es la forma actual del proceso de multiplicación de sublemas. El número total de sublemas a intendente, por ejemplo, disminuye en última elección, mientras que el de concejales se mantiene en el mismo nivel. (Ver gráfico n°2)

Un candidato a diputado provincial de un departamento cualquiera impulsa a uno, dos o más candidatos a intendente, y cada candidato a intendente presenta dos, tres y hasta cinco listas de concejales. De manera que el número de sublemas provinciales es menor al de sublemas departamentales y éste menor al de sublemas municipales y mucho menor al de sublemas a concejales. Esto no parece ser casual, o producto de una liberalización de las estructuras partidarias en sus organizaciones básicas, sino que parece responder a una estrategia de los dirigentes de cada departamento o localidad quienes serían los organizadores de este crecimiento en enramada de la cantidad de sublemas, para ser figurativos.

 

GRAFICO N°2

 

 

Elaboración propia en base a datos proporcionados por la Secretaría Electoral de la Provincia y el Juzgado Federal de Salta.-.

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


En tercer lugar, el número de sublemas que pasemos a considerar también depende del momento en que nos encontremos, porque es evidente que éstos descienden y mucho a lo largo del proceso electoral. De esta manera el número de sublemas oficializados es mayor a la cantidad de listas de candidatos que se presentan y éstas son menores a las que encontramos finalmente en el cuarto oscuro. Distintos procesos están debajo de éstos: los sublemas, caen, se fusionan, se alían, apoyan candidatos de otros sublemas, de manera continua hasta el último minuto.

Si la multiplicación “en enramada” parecía responder a la especulación de algunos dirigentes y sus seguidores, la cantidad de sublemas que se presentan en un primer momento para su oficialización[16] parece responder a la especulación de pequeños grupos de militantes y dirigentes que se preparan para luego intercambiar avales, nombres y estructuras con otros candidatos. Contar con un sublema oficializado parece ser un recurso ante la negociación y el “armado” de las listas que finalmente se presentan.

Es entonces evidente la adopción de la teoría de que el lema ganador es el que más sublemas presenta, proceso que, aunque hoy se haya detenido un poco, revela la forma en que los dirigentes intermedios adaptan las figuras legales a sus prácticas políticas, mas que una ciega subordinación a las leyes de la matemática. Cuanto mas tiempo lleva vigente la ley de lemas mas dirigentes se dan cuenta de esto y mas adoptan las nuevas modalidades. En una primera etapa todos se lanzaron al ruedo aprovechando la oportunidad, y creyeron comprobar que la simple suma los llevaba al triunfo y empezaron a sumar sublemas “para favorecer al partido” (reacción especialmente evidente en el partido renovador), pero entonces, aunque aprendieron el refrán de que en política 2 + 2 no siempre es igual a 4, encontraron ventajas políticas en el armado de sublemas que respondían a estrategias particulares, mas allá de los intereses del partido.

Los mismos políticos reconocen que la sola cantidad de sublemas no es un indicador seguro del resultado electoral, que a veces sirve pero sólo cuando se adecua a la conformación política del lugar en cada oportunidad. Ante la ley de lemas los partidos deben ocuparse detenidamente de la instancia de análisis del escenario político. En cada localidad las conclusiones pueden ser diferentes; mientras que en un departamento no hay candidatos líderes y parece convenir que se presenten muchos sublemas pequeños; en otros lugares es necesario armar pocas listas pero con dirigentes atractivos porque un racimo de desconocidos no podría hacer frente al líder opositor.

En particular, encontramos municipios con una dispar evolución de su número de sublemas, unos años mas de 6 sublemas, al otro año solo dos, y en siguiente turno nuevamente mas de 5 sublemas, por ejemplo. Allí no podemos suponer que la conformación de sublemas se refiere únicamente a grupos internos divididos entre si que requieren ir por separado a la elección, el proceso parece ser el resultado de un análisis del escenario, una estrategia pensada y desarrollada desde arriba[17]. La función de la cúpula parece seguir siendo, al menos hasta esta instancia del análisis la de determinar los candidatos que se presentan en cada elección, o como menos, la de incidir en la formulación de sublemas; armando sublemas propios, aliando los existentes o desarmando los que “están de mas”.

 

La participación política

Ÿ           La ley de lemas abre las puertas a una mayor participación política, dando lugar a la renovación dirigencial.

 

El efecto directo más evidente que produce la ley de lemas es una ampliación inesperada de la participación política. Detrás del fenómeno de la multiplicación de sublemas está la del número de candidatos que se postulan, lo cual implica un compromiso de participación inusual en éstas épocas. Es difícil, sino imposible, determinar si el mayor número de candidatos está señalando mas militantes y dirigentes partidarios que antes del cambio de sistema, pero si se refiere a un activismo mas protagónico por parte de dirigentes antes ocultos en la organización.

Si, en términos absolutos, los afiliados y militantes de un partido son mas y mas activos, tendríamos cumplido el postulado optimista porque la maravillosa participación se habría hecho realidad. Pero para ser realistas, no tenemos ningún indicador de mayor participación ciudadana, no aumentan los afiliados, el interés o la información general sobre la política; por lo que nos inclinamos a concluir que el postulado no se cumple tal cual.

Es cierto que se encuentra mayor participación, pero entre los mismos militantes y dirigentes partidarios. El siempre exiguo ámbito de los políticos encuentra en la conformación de sublemas la manera de desarrollar la actividad política de una forma más libre y autogestionada que tras una lista oficial, de allí el mayor compromiso por participar.

La repercusión de la ley de lemas en el recambio dirigencial es parte de su mecanismo intrínseco y tiene alcances notables a mediano plazo que se avizoran en el crecimiento de sectores internos a cada partido. Si antes la única manera de ascender en la jerarquía partidaria era mostrar méritos y esfuerzos internos ante los dirigentes ya establecidos, ahora los méritos también vienen dados por la capacidad organizativa propia, los réditos electorales y los espacios institucionales obtenidos particularmente. Un dirigente enfrentado a la burocracia interna tiene efectivamente la oportunidad de derrocarla, o por lo menos de contar con un espacio político interno, si cuenta con respaldo electoral. No es llamativo concluir que los mayores beneficiados en este sistema son los sectores dirigenciales medios y bajos, quienes están en condiciones de utilizar mecanismos menos controlados por las burocracias partidarias y más independientes de las cúpulas para darse a conocer.

Pero el proceso de apertura no es definitivo ni implica la desarticulación de las estructuras partidarias centrales. Si bien es relativamente fácil cumplir los requisitos legales de la conformación de sublemas[18]

 y entonces "cualquiera arma un sublema", luego hay que constituir listas y solventar gastos de las campañas, lo que implica que el sublema puede "caerse" en cualquier momento. De esta manera, el recurso más importante de la cúpula se convierte ahora mas que nunca en el control y la distribución de recursos financieros, mostrando a las claras cuáles son los “sublemas autorizados”.

La apertura no implica hasta el momento, una ruptura de las oligarquías partidarias, solo un cambio relativo de sus actividades. La cúpula sigue tan cerrada y concentrada como siempre, pero la ley de lemas le permite descentralizar la distribución de incentivos selectivos, y hasta aumentarlos. Si antes era responsable de la negociación en respuesta a las demandas de los sectores internos, con la ley de lemas cada grupo intermedio es responsable de su estructura, de su campaña, de la imagen de sus candidatos, de mostrar su peso interno a través de los votos., la negociación corre entorno a la “igualdad en los recursos” y los espacios de poder que corresponden a cada sector de acuerdo a los resultados electorales.

La estructura partidaria cambia de forma, deformando al tradicional pirámide controlada por el vértice. La cúpula se cierra aún mas, en tanto unos pocos dirigentes que tienen el control de dos o mas recursos esenciales controlan al partido, pero se hace mas abierta y cambiante en los sectores medios y aún más flexible en los sectores de base, lo que habla de las posibilidades de un mayor recambio de militantes y dirigentes.

Cuando se impuso la ley de lemas, según recordamos, los partidos parecían esperar que sus internas se resolvieran de manera pacífica, suponiendo que cada línea se iba a presentar por su cuenta y el resultado electoral determinaría el espacio político que le correspondía “por derecho propio”. Mas allá de lo que pase con las internas, es evidente que la ley de lemas fue mas allá de este propósito. Los sublemas no se arman porque sea la única manera de enfrentarse a la cúpula, o de mostrar su verdadera fuerza, se arman porque es la manera de expresarse, de figurar en el escenario político, de crecer como dirigente, de organizar y preparar a su círculo de dirigentes, por una variedad de razones que no siempre tienen que ver con la oposición interna, recordemos la cantidad de sublemas de alguna categoría que apoyan al mismo candidato a una categoría superior.

Los dirigentes medios, entonces, si bien no influyen en las actividades y recursos de la cúpula, encuentran nuevos y mayores incentivos a la participación cuando llevan a cabo una campaña con sus propios candidatos, proyectos y objetivos. Formar un sublema significa sentirse parte, protagonista de la competencia de manera directa. Veamos esto mas detenidamente porque hace a nuestra hipótesis de que los comportamientos y tradiciones políticas de cada partido moldean la ley de lemas llevándola a producir determinados efectos y a la creencia generalizada respecto a que la ley de lemas parece ser funcional a las estrategias y comportamientos de un partido y no de otro.

 

El comportamiento de los partidos

Ÿ           La ley de lemas favorece al Justicialismo porque tiene capacidad para armar mas sublemas que el partido renovador.

 

El Justicialismo tiene una estructura conocida por todos como movimientista, haciendo referencia a la cantidad de agrupaciones internas, liderazgos intermedios, negociaciones entre sectores que se realizan permanentemente. Es también un partido con liderazgos fuertes, pero no en el sentido de controlar toda la estructura cerrando espacios, sino en tanto jefaturas carismáticas que concitan obediencia y lealtad controlando así los hilos del partido. Si combinamos ambos aspectos entonces, tenemos una organización bien diferenciada: la estructura piramidal se define por un vértice muy bien establecido que concentra una amplia variedad de grupos intermedios y una base inestable, movediza y dispersa. Algunos dirían que aunque el río parece tranquilo en la superficie, siempre viene revuelto por debajo.

Esta clásica organización se muestra aún con ley de lemas, ya que no es posible observar una estrategia única en toda la provincia, por lo tanto, si existe un grupo exclusivo que acuerde lo que conviene hacer en materia electoral, o la cantidad de sublemas, no adopta un criterio general uniforme; cada departamento parece organizarse por su cuenta, dejando solo en las categorías provinciales (como gobernador) el espacio propio de la cúpula o de las lineas internas principales. Anteriormente, cuando mencionamos a la multiplicación de sublemas “en enramada”, la definíamos como producto de la actividad de los dirigentes departamentales, generalmente diputados provinciales, que digitaban en cierta medida la actividad electoral en su territorio.

Nada de lo dicho hasta aquí resulta novedoso para el partido justicialista. Es propio de la historia de este partido que, al no contar con una ideología estructurada y formalmente elaborada, sus sectores internos establezcan abiertas diferencias entre si. Esta particularidad de su organización hace que no sea llamativo su comportamiento durante la vigencia de la ley de lemas, al contrario, lo que hace este sistema es explicitar esta realidad, hacerla más evidente.

El justicialismo usa mas la ley de lemas (ver gráfico n°3), a veces hasta el asombro, como cuando presenta 16 sublemas en un municipio de 3000 electores como San Lorenzo en 1995. La amenaza que este comportamiento implica respecto de la atomización y debilidad política a la hora de gobernar, aunque evidentes, no siempre se transforman en realidad, porque, en la práctica, los sublemas no siempre traducen conflictos internos o fuerzas partidarias, sino simplemente ansias de figuración de algunos dirigentes.

No es que la ley de lemas se acomode mejor al PJ, sino que el PJ tiene comportamientos propios que le permiten aprovechar mucho mas fácilmente las oportunidades que presenta, sin que esto signifique modificar en algo sus estructuras y comportamientos tradicionales.

El PRS por su parte, asume una posición totalmente diferente, que podríamos calificar de reacia a la constitución de sublemas. En la primera elección solo en tres municipio presenta dos sublemas, en los cincuenta y cinco restantes el partido concurre unificado, haciendo evidente que la estrategia asumida por el partido es la misma para toda la provincia, estrategia ordenada y unificada, coherente con su público rechazo a la ley de lemas.

GRAFICO N°3

 

 

Elaboración propia en base a datos proporcionados por la Secretaría Electoral de la Provincia de Salta.-

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


En la siguiente elección a intendente, el cambio de estrategia es notable: solo en 5 municipios presentan un solo candidato. El PRS, también centralizadamente, se apropia del mito de la lógica matemática y asume que se necesita mayor cantidad de sublemas para ganar, de allí que el control centralizado se libere y habilita a que se postulen varios candidatos bajo su insignia. Como resultados, mientras el PJ mantiene casi estable la cantidad de sublemas en toda la provincia en cada elección, el PRS protagoniza la multiplicación de listas y candidatos.

En el Partido Renovador encontramos verticalidad, liderazgos únicos, un entramado ideológico claro, conflictos solapados permanentemente. Los mecanismos internos de renovación de dirigentes parecen ser bastante cerrados y selectivos, basta señalar que en sus 18 años de historia nunca realizaron una elección de autoridades ni de candidatos, siempre definidos por acuerdos cerrados. La muestra mas clara de este comportamiento es el hecho que, aun con ley de lemas, las candidaturas se designan por procesos claramente verticales, organizando las bases de militantes en cada rincón de la provincia, presentando siempre dirigentes afines a la propuesta oficial.

La especulación electoral de la que resulta el número de sublemas se ve reflejada en la inexistencia aparente de conflictos, contradicciones o simples diferencias entre los candidatos; aun forzando los discursos, todos los candidatos contribuyen a la suma del partido y evitan criticar a sus pares. Solo en la capital, los sublemas parecen comportarse diferente en algunas ocasiones, mostrando que son expresión de sectores internos enfrentados entre sí, que presentan una alternativa real frente a otros candidatos del mismo partido.

Mientras que en el PJ la cantidad de sublemas refleja sus corrientes internas siempre presentes y aun más, refleja la estructura de lealtades abierta hacia abajo. En el renovador la ideología compacta y su estructura cerrada, lleva a que los candidatos respondan siempre directamente a la cúpula, y es difícil sostener políticamente a varios sublemas en un mismo distrito. Cuando un dirigente se presenta de candidato lo hace habilitado por el partido, como un reconocimiento a su trayectoria y a las posibilidades que, se supone, tiene para ganar votos en el distrito, ya sea como líder del lugar o como una forma mas de sumar votos al lema.

El dirigente peronista que arma un sublema lo que hace es mostrar su poder, sus apoyos, seguidores, sus recursos y estructura propia, por pequeña que fuera, para hacerla valer en la negociación posterior entre los distintos sectores. Lo mismo que hacía sin ley de lemas pero ahora con una boleta oficial y con el título de candidato a intendente. Se puede dar un liderazgo natural que atraiga una mayoría importante y evite la dispersión, pero la constitución de un sublema propio brinda status de dirigente, no se es tal sino se tiene un grupo tras de sí que lo apoye.

 

Los grupos internos

Diferenciación e identidad partidaria

Ÿ           Los sublemas priorizan la diferenciación entre ellos aunque se corra el riesgo de diluir la identidad política de los partidos

 

La ley de lemas da lugar a situaciones curiosas que hasta restan coherencia al discurso de los partidos y sus dirigentes. Existen varios ejemplos de esta situación cuando se postulan dirigentes abiertamente enfrentados entre sí, que de una u otra manera terminarán sumándose votos uno al otro. La contradicción reside en que mientras la campaña de ambos se sostiene en aumentar la distancia y las diferencias personales y hasta ideológicas mutuas, en el escrutinio el que recibió menos votos contribuye a la victoria del otro. Esta diferenciación frontal entre sublemas puede provenir de conflictos anteriores, pero bien puede ser solo consecuencia de la necesidad de desarrollar una estrategia diferenciadora para ganar votos dentro de un lema.

Es más, esto puede estar provocado por los partidos mismos, volviendo a la idea de que aún cuando la cúpula no dirige la constitución de listas es conciente de esta lógica propia de la ley de lemas. Si  se presentan dos candidatos del mismo sector, con las mismas ideas y el mismo electorado potencial en lugar de sumar votos, solo se los dividen; en cambio cuando bajo un mismo lema encontramos un candidato armado para cada sector social y político la contribución puede ser evidente. El partido puede adoptar explícitamente esta estrategia que no es tan contradictoria como en principio parece, pero también debe analizar si no se le volverá en contra; ¿acaso pueden todos los partidos generar discursos diferentes en su interior sin quebrarse luego de la elección?

De acuerdo a lo que decíamos anteriormente, al peronismo no le cuesta tanto en términos históricos presentar candidatos con trayectorias políticas e ideológicas diferentes, no afecta su estructura y es un experto en realizar combinaciones de este tipo, aún sin ley de lemas. En cambio el partido renovador corre el riesgo de ver transformada su estructura y sacrificada su ideología compacta en el intento; por eso es evidente que aún presentando varios sublemas, tiene una estrategia cerrada: un sublema es el fuerte y los otros se dedican a contribuir para su victoria. Plantear que los sublemas son capaces de enfrentarse a la cúpula, aun en un espacio reducido, o que los réditos electorales constituyen recursos de poder para la negociación interna, es desconocer la historia y las modalidades propias del partido.

Al peronismo parece no afectar la multiplicación de sublemas, el partido renovador hace esfuerzos por controlarla, porque de no lograrlo, se vería afectado internamente de una manera fundamental. El justicialismo tiene historia de divisiones y luchas descarnizadas, por lo que la presentación de listas propias constituye un recurso mas entre todos los que cuenta para participar en política. En cambio, para el dirigente renovador postularse sin el aval de la mesa partidaria constituye jugarse a todo o nada por un lugar en la estructura. El partido justicialista durante la vigencia de la ley de lemas abre sus estructuras a la participación de sus dirigentes intermedios, sobre la línea de una tradición, pudiendo tensar al máximo su trama ideológica, aunque no de una manera anárquica y verdaderamente libre, sino en la medida que el líder partidario lo considere conveniente. El partido renovador solo abre lo estrictamente necesario, también en la medida en que su líder lo considere conveniente.

La diferenciación ideológica y el enfrentamiento de sublemas lleva a la confusión del elector (como señalamos en la primera parte) y en el caso extremo, la pérdida de la imagen partidaria como un todo unificado. Si llegamos al caso en que el elector común no supiera identificar el lema de pertenencia de un sublema, entonces deberíamos hablar de la desaparición de los partidos[19]. Pero aun no hemos llegado a ese momento por la simple razón de que siempre se reconoce a los líderes partidarios detrás de cada maniobra de los candidatos. La confrontación última y la diferenciación entre partidos se da entre estos grandes líderes, en tanto todos los candidatos deben sentar pública postura en relación a ellos y los reconocen como símbolos y representantes de todo el partido.

Pensar que la ley de lemas lleva a la constitución y fortalecimiento de las internas partidarias, que, por lo tanto, agrava los conflictos a mediano plazo, es desconocer el rol que pueden alcanzar los líderes partidarios. Es pensar que los sublemas se constituyen para enfrentar a la estructura, para ser alternativa, y no verlos como lo que son en su mayoría: formas de ganar prestigio. Quien colabora mas en la victoria del partido, quien da un apoyo mas fiel al líder, es también un recurso político de amplia difusión.

En los diez años de vigencia en Salta, los dos partidos mayoritarios no solo han sido capaces de establecer liderazgos sino que también los han fortalecido.

En 1991 el PJ se encontraba atravesando una interna descarnada y cree que la ley de lemas será la solución, pero no le resulta en primera instancia y pierde las elecciones de ese año. Al poco tiempo muere quien encabezaba uno de estos sectores y tenía el mayor apoyo popular[20]; lo sucede su hijo, quien gana la elección de 1995 por escaso margen y con la oposición de tres candidatos de su lema. Al poco tiempo reagrupa a todo el partido, acordando estrategias comunes aun con los sectores mas fuertes y logrando que en las posteriores elecciones casi todos los sublemas se declaren orgullosos seguidores de su presidente y gobernador.

En el partido renovador sucede otro tanto, puesto que nadie discute el espacio que tiene Ricardo Gómez Diez, presidente del partido y cabeza de lista en cada elección desde entonces.

Hasta aquí, decimos que los partidos políticos no se han fragmentado con la ley de lemas a pesar de multiplicarse los sublemas y de existir mayor libertad en la organización de líneas internas, en la medida que los líderes provinciales mantienen intacto su poder.  Distinta puede ser la situación de partidos que atraviesen crisis de liderazgos, o cuyos líderes no arbitren los conflictos internos, ya sea por obra de la ley de lemas o al margen ella. Ahí si, la fragmentación desatada por la ley de lemas, sin la contención de la cúpula, puede causar estragos dentro y fuera del partido.

Pero a pesar de concluir que la ley de lemas no ha contribuido a la formación de conflictos partidarios a nivel provincial, deberíamos ahondar un poco mas, principalmente en aquellos sectores que se escapan del control de la cúpula.

 

 

Las internas se estructuran y se estabilizan

Ÿ           La ley de lemas agudiza y prolonga las internas políticas, afectando la organización partidaria y sobre todo a los gobiernos recién constituidos.

 

La causa de la prolongación de las internas no está, curiosamente, en que la ley de lemas realice una distribución proporcional de los cargos entre los sublemas, dando lugar a cuerpos colegiados divididos por la presencia de distintos sectores de un partido y dificultando la constitución de mayorías de gobierno. Por el contrario, los políticos acusan que la ley de lemas impide un reparto politizado de los puestos de gobierno, endureciendo la negociación entre sectores que asegure al ganador márgenes razonables de gobernabilidad. En lugar de ser un mecanismo de resolución de conflictos internos porque queda evidenciado el respaldo popular de cada dirigente, es un mecanismo de agudización de conflictos porque impide el despliegue de los tradicionales recursos políticos, justamente aquellos acusados por poco participativos, cerrados a la cúpula y nada democráticos. ¿Cómo puede ser que una ley electoral sea acusada por transparentar los procesos?

Los políticos argumentan que, como entre las elecciones generales y el ejercicio del gobierno no hay una instancia intermedia, la prolongación de las internas se hace inevitable.

Cada sublema arma su estructura propia, como parte de los requisitos de desarrollar una campaña para su candidato, pero en lugar de desarmarlas después de las elecciones, las mantiene, llevando a cabo una actividad política aún más intensa que la propiciada por el partido. Esta situación trae como consecuencia la politización permanente del escenario local y la relativa pérdida de unidad partidaria ante la dispersión de actividades fuera del control de los dirigentes principales y los gobernantes. Se habla entonces de que la ley de lemas no solo genera diferencias internas donde no las había sino que prolonga las internas hasta su definitiva institucionalización. No se trata entonces, de los discursos desarrollados durante la campaña, de la distancia ideológica, sino de las expectativas creadas, de los incentivos organizacionales que se distribuyen y de las modalidades de reagrupamiento a que da lugar la campaña electoral y que no pueden ser desarticulados simplemente.

La politización permanente que estamos describiendo está relacionada con la ley de lemas de manera notable: cada dirigente ha demostrado ser capaz de organizarse por su cuenta, ha despertado expectativas entre su gente, especula con obtener mas votos a partir de su experiencia, o aún mas, alcanzó un caudal importante y está en condiciones de hacer valer su participación ante cualquier organismo o sector político. Entonces, ¿cómo superar diferencias cuando los intereses creados alrededor de su existencia ya son tales que todos especulan con mantener las estructuras, con las debilidades organizativas de los otros grupos, con la posibilidad de aprovechar cualquier oportunidad para mostrar su poderío y de estar listos para la próxima elección?

En ese sentido, los políticos en secreto, añoran las listas únicas como proceso de confluencia de intereses de grupos y dirigentes que permitía entregar una base de poder consolidada a quien resultara ganador. Aluden a procesos internos de unificación basados en la campaña electoral, la que genera sistemas de lealtades articulados centralmente. No es el reparto de cargos proporcional a los resultados electorales lo que trae inconvenientes sino la falta de símbolos e intereses comunes entre los sectores que, bajo un mismo lema, llegan a instancias de representación y gobierno.

Esta es una tendencia preocupante que no puede ser eludida en este tratamiento, aun destacando que no es algo que se de en todos los distritos y circunstancias, mas bien parece estar en relación con alguna otra característica del comportamiento de los partidos.

La ley de lemas libera la participación dirigencial del control de la cúpula, despierta expectativas de poder entre los dirigentes medios, pero los problemas surgen cuando las organizaciones políticas demuestran ser insuficientes para reagrupar los intereses, para contener esa participación, reconcentrando las expectativas y actividades en torno a su estructura. Podríamos entonces invertir la pregunta acerca del origen de los problemas: ¿la ley de lemas agudiza los problemas internos? ¿O los partidos políticos no están preparados para integrar los sectores alentados a participar con la ley de lemas? ¿La ley de lemas posibilita mayor participación, pero dónde se participa?